Luces, bosque y garras, con Sara

En realidad necesitaba seguirte, de lejos pero sin perderte de vista. Nada más quedaban unos minutos de luz dorada y tu te desvanecías. Por momentos te perdía y al momento te soñaba, de repente relucías. Un rincón del bosque te llamaba y un aroma que el viento mecía entre las ramas perfumó el camino que tu andabas.

Me mantuve oculto tras mis garras, por miedo a asustarte y que volaras, con la necesidad de ti como un sediento que quiere agua, que va dando tumbos por las dunas de un desierto y que necesita saciar su alma.

Esta tarde reíste tu, yo moriré mañana.

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